lunes 13 de julio de 2009

AGOTADO

Me hago mayor, no, soy mayor para según que cosas.

El sábado por la noche me fui de cenar y juerga con algunos compañeros del trabajo.

Llegué a casa a eso de las seis de la mañana cargadito de sangría, chupitos y daikiris.

Me di una ducha y me metí en la cama. A las siete y media sonó el despertador.

No recordaba que había quedado con los amigos de toda la vida para ir a la playa a pasar el día.

Me levanté y mientras tomaba un café disfruté del encierro de San Fermín y del toro ermitaño ( descanse en paz ) que me hizo pasar un buen rato.

Salimos hacia la playa con el día nublado, pensé que tendría suerte y podría dormir la mona en la toalla sin el sol dándome en el cogote.

En cuanto llegamos a nuestro destino las nubes se abrieron y un sol de justicia nos acompañó durante toda la jornada.

No pude echar ojo.

Además en el grupo iban cuatro niños menores de siete años. Eso no fomenta nada mi instinto paternal.

Comimos y algunos nos volvimos a casa, yo ya tenía suficiente.

Al llegar a casa a eso de las seis de la tarde me di la ducha de rigor y me metí en la cama para descansar un poco.

Me desperté sobresaltado a las diez de la noche sin saber exactamente ni el día ni la hora en que vivía.

Me levanté, cené un poco y a las doce ya estaba otra vez metido en la cama.

Si hiciera esto todos los fines de semana duraría dos telediarios.